Mozart, el juego y la hiperactividad

enero 27, 2016
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Un día como hoy, 27 de enero, pero de 1756, nació el maravilloso W. A. Mozart. Personaje único, genial, esplendoroso e indispensable para entender lo bello y la riqueza artística humana. Wolfy, como le decían cariñosamente, fue un niño excepcional: inquietísimo, curioso, tesonero, incansable y un poco raro. Su verdadero nombre era: Joannes Chrysostomus Wolfgangus Theophilus Mozart, El Theophilus se tradujo al alemán como “Gottlieb” (que significa lo mismo: amado por Dios) y que, al parecer, a Wolfy no le gustaba, entonces él comenzó a firmar sus obras como Wolfgang Amadeus (traducción al latín)  Mozart, nombre que pasó a la posteridad.

A Wolfi le tocó tener un padre músico bastante autoritario que en cuanto se dio cuenta de las dotes maravillosas para la música de su vástago, no dudó en dejar su carrera de violinista y entregarse totalmente a la carrera de su hijo. No lo dejaba jugar ni por equivocación. Cada minuto tenía que ser entregado al estudio de la técnica del piano o del violín (ambos instrumentos dominados magistralmente por el pequeño genio) o a la composición que cada día era más y más abundante. Desde los tres años de edad ya componía sus primeras piezas; a los seis compuso su primera sinfonía, a los ocho su primera ópera y no paró hasta el día de su muerte que lo sorprendió a la temprana edad de 35 años. Pero un niño que no juega no puede desarrollarse, porque es el juego el mecanismo que tiene el niño para conocer, aprender y satisfacer sus necesidades mentales. Mozart aprendió a jugar a través de la música porque la música puede ser como el juego: creativa, expresiva, propia, sorprendente, social, traviesa, fresca, pura, hermosa… Cuando uno escucha sus primeras obras puede descubrir el carácter lúdico de ellas. Es por esa razón que, en ocasiones, son los niños quienes mejor entienden al genio de Salzburgo. Todos los niños debieran tener la oportunidad de crecer disfrutando los maravillosos juegos sonoros del pequeño Wolfy, no dejes que tus hijos pierdan esta valiosísima oportunidad. La música de Mozart les dará invaluables aprendizajes trascendentes aunque tú no los puedas percibir.

¿Te imaginas qué le hubiera pasado a la humanidad si en aquella época hubiera existido un neurólogo o psiquiatra que le hubiera recetado al pequeño, curioso, inquieto y tesonero Wolfy su Ritalin y Risperdal?

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